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¿Con chile del que pica o del que no pica?

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Negocios y proveedores

Si los elotes y esquites son tus antojitos predilectos, se te va a hacer agua la boca con este texto.

Su punto de venta se distingue desde lejos por la silueta del icónico tarro de vidrio lleno de mayonesa, palillos puntiagudos de madera y una olla humeante, sobre el fuego. Detrás de este peculiar escenario, hombres y mujeres por igual se hacen cargo de preparar un antojito de maíz que varía de acuerdo con la región del país.

Los elotes y esquites (éstos últimos también conocidos como vasolote, chascas, elote en vaso, entre otros), se componen básicamente de lo mismo: una mazorca de maíz –desgranada o no–, aderezada con limón, mayonesa, queso, sal y chile, en ese orden.

Algunos de los vendedores de este platillo le añaden su toque personal para hacer la diferencia con la competencia:

En Michoacán, la mazorca de maíz desgranado se llama vasolote. Éste se distingue por totopos que coronan la suculenta preparación y su original salsa tarasca, a base de chile de árbol con ajonjolí; entre los eloteros, hay quienes ofrecen salsas frutales o agridulces.

 

El elote en vaso es típico de los regiomontanos. Este antojo que puedes localizar, literalmente, a la vuelta cada esquina se sirve con crema o mayonesa, salsa, chile en polvo y quesos blanco y amarillo rallados. Para complementar el platillo, algunos vendedores le añaden frijoles.

En Aguascalientes, a la mazorca desgranada se le llama chasca. Los hidrocálidos acostumbran comer los granos de elote servidos con sal, limón, mayonesa y chile, pero dependiendo el sitio donde lo compres, le agregan rajas, champiñones y hasta tocino. Además, puedes elegir si los quieres empapelados, asados o hervidos.

La Ciudad de México no puede quedarse atrás. Los elotes y esquites capitalinos son, como muchos otros platillos, una mezcla de sabores de todo el país. Los proveedores de estos antojitos generalmente se sitúan a un costado de las tiendas de autoservicio, aunque también es común encontrarlos afuera de sus propias casas.

En su modalidad básica, los hay hervidos y asados con chile de árbol y epazote, ambos cubiertos con mayonesa, queso blanco y chile en polvo, con la opción de elegir del que pica o del que no pica; también son populares con patitas, hígados y mollejas de pollo, y hay quienes les agregan tuétano, camarones o queso Cotija.

Don Ismael lleva quince años vendiendo elotes afuera del metro División del Norte, en un corredor conocido por su amplia variedad gastronómica.

“Soy de Nicolás Romero, en el Estado de México. De allá mismo traigo los elotes y los esquites, ya casi listos. Llego acá (a la Ciudad de México) a hervirlos otro rato en el anafre y poner el puesto. Más o menos estoy de este lado, a veces con mis hijos o con mi esposa, desde las cinco de la tarde, pero la venta fuerte es a las seis, cuando la gente empieza a salir del trabajo y ya va rumbo a su casa”, contó.

A pesar de que la competencia es alta en la Ciudad de México, don Ismael ha logrado hacerse de sus propios clientes y, asegura, que las ventas son mejores en la capital que en el Estado de México.

“Acá hay mucho movimiento de gente; salen mareas de personas del metro todos los días, y con el olorcito se acercan a preguntar qué es lo que hay y a cuánto los vendo. A veces uno ya reconoce la cara de los clientes que siempre pasan a comprar su elote o esquite”, agregó.

Don Ismael los vende “sencillitos y bien serviditos” hervidos, cubiertos con mayonesa o limón, queso blanco y chile, pues asegura, entre risas, que “muchas veces te quieren vender todo el caldo de pollo, con pocos esquites, en un vaso de unicel”.

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