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Tamales sin masa nixtamalizada


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¿Existen los tamales sin masa nixtamalizada? Parece que dentro de la cultura alimentaria mexicana esto es imposible —por no decir intolerable—; sin embargo aquí te explicamos cómo se hacen y de donde vienen estas singulares preparaciones.

Debido a las necesidades nutricionales y a la disponibilidad de ingredientes en las diferentes regiones del país, los mexicanos han puesto su creatividad a prueba. Así han conseguido tener más opciones para saborear durante el Día de la Candelaria.

A continuación nuestro top 3 de tamales sin masa de maíz nixtamalizada:

 

Tamales de elote

A lo largo del territorio mexicano existen muchas variantes de estos tamales pues al elaborarse con elotes frescos son de más fácil acceso, por ejemplo: hay preparaciones saladas donde se utiliza manteca, carne de cerdo y vegetales, éstas se consumen en Zacatecas; en Sonora a ésta misma se le agregan quesos.

En el estado de Michoacán se les conoce como uchepos, pero son una versión dulce con nata o crema y en Guerrero una versión muy similar se prepara para acompañar el chilatequile, pero a ésta se le agregan yemas, leche y azúcar.

El procedimiento general consta de separar los elotes de las hojas y reservarlas para formar ahí el tamal, después se desgranan los elotes y se licúan con todos los ingredientes. Después la mezcla se coloca dentro de las hojas limpias, se acomodan en una olla y, usualmente, se cuecen durante una hora a baño maría.

 

Tamales de yuca de Oaxaca

Esta variedad de tamal se elabora en San José Rio Manso, Oaxaca con una masa de yuca, canela y piloncillo. Se envuelve en hoja de papatla, se cuece al vapor y normalmente se acompaña con atole, champurrado, café o alguna bebida caliente. Algunas de las maneras de acompañar la masa son: con frijoles y manteca de cerdo; con pollo en salsa de chile seco y hoja santa; o con cerdo, achiote y hoja santa.

 

Tamales de tlapique

Estos tamales se encuentran en la Ciudad de México principalmente en las zonas lacustres y alrededores de Xochimilco, Milpa Alta y Tláhuac.

Son unos envueltos hechos con tiras largas de nopales, manteca, pescaditos (tilapia en trozo) o menudencias de pollo o carne molida de res y cerdo. A este se le agregan hierbas como hoja santa o epazote, verduras y chile seco.

Aunque se sabe que se utilizaban ajolotes para prepararlo esa práctica ha sido prohibida pues el anfibio está en peligro de extinción. Para la cubierta se usan alrededor de tres hojas de totomoxtle bien cerradas, se cuecen en comal y se le van dando vueltas para que se tateme por todos lados. La cocción dura alrededor de 40 minutos, se dice que está listo cuando los tamales dejan de gotear.

 

Los tamales conservan en sí mismos varios rituales, ya sea en las plazas públicas, afuera de las estaciones del metro de la Ciudad de México y en las casas de las abuelas como en las comunidades originarias y en las mesas de celebración. Son fuerte símbolo culinario de identidad como país y como continente. Descubrir aquellos que no forman parte del canon nos ayuda a saborear un poco de otros contextos sociales que a veces nos cuesta trabajo imaginar.

¿Cuáles son tus favoritos? Déjanos tus comentarios y anímate a preparar alguno de los que recién describimos.

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