¿El lambrusco es mal vino?

Pocos vinos arrastran una reputación tan contradictoria como el lambrusco. Para algunos es sinónimo de botellas baratas, copas dulces y una ligera efervesencia; pero para otros, es un vino italiano histórico, versátil y profundamente gastronómico. 

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Pocos vinos generan opiniones tan divididas como el lambrusco. Para algunos, es un recuerdo de adolescencia: burbujeante, dulzón y servido en copas de plástico durante fiestas de bajo presupuesto (y escaso conocimiento del mundo del vino). Para otros, es un vino italiano con historia, carácter y una sorprendente capacidad de maridaje. Lo cierto es que su reputación, al menos fuera de Italia, ha estado marcada por décadas de versiones comerciales de poca calidad que poco tienen que ver con su expresión original. 

Basta probar un buen lambrusco seco, elaborado con cuidado en la región de Emilia-Romaña, para entender por qué este vino merece una segunda oportunidad. Con sus notas de frutos rojos, flores, hierbas frescas y una efervescencia natural que lo hace tan festivo como gastronómico, el lambrusco bien hecho tiene todo para reconciliarse con quienes alguna vez lo descartaron como un “mal vino”. Te invitamos a un viaje a sus orígenes, analizando por qué se desvirtuó su imagen y guiándote para encontrar (y disfrutar) la mejor versión de este clásico incomprendido. 

Orígenes y evolución del lambrusco 

El lambrusco tiene sus raíces en la región de Emilia-Romaña, en el norte de Italia. Se produce a partir de diversas variedades de uvas lambrusco, como la Sorbara, Grasparossa y Salamino. Históricamente, ha sido un vino espumoso, con versiones que van desde lo seco hasta lo dulce. 

Durante las décadas de 1970 y 1980, el lambrusco ganó popularidad internacional, especialmente en Estados Unidos, gracias a su perfil accesible y afrutado. Sin embargo, esta expansión también llevó al mercado versiones de menor calidad, enfocadas más en la cantidad que en la excelencia, lo que contribuyó a su reputación actual. 

En México, los últimos diez años han sido testigos de un aumento en la popularidad de este tipo de vinos: de bajo contenido alcohólico, ligeramente espumosos y suficientemente dulces, orientados a un público joven o poco interesado en el mundo del vino. Por otro lado, en las redes sociales se ha generado la percepción de que el lambrusco es un mal vino. Estamos aquí para demostrar que no es así. 

Redescubriendo el lambrusco: calidad y maridaje 

Lejos de las versiones comerciales, el lambrusco auténtico es un vino que puede ser seco, con una acidez refrescante y notas de frutas rojas, violetas y especias. Su efervescencia natural lo hace ideal para acompañar una variedad de platillos, desde embutidos y quesos hasta pastas con salsas ricas y carnes curadas. 

Para quienes deseen explorar esta faceta del lambrusco, es recomendable buscar etiquetas que indiquen denominaciones de origen como “Lambrusco di Sorbara” o “Lambrusco Grasparossa di Castelvetro”, y optar por versiones etiquetadas como “secco” (seco) o “semisecco” (semiseco). 

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Maridajes con lambrusco: más allá de lo obvio 

El lambrusco, con su perfil fresco, ligero y ligeramente efervescente, es uno de esos vinos que invitan a experimentar en la mesa. Aunque tradicionalmente se asocia con la comida italiana —como embutidos, quesos o pizzas— sus diferentes estilos permiten combinaciones sorprendentes que se alejan de lo esperado. 

Para un lambrusco seco y con buena acidez, como los elaborados con uva sorbara, la opción ideal es apostar por platillos con un toque de acidez y frescura, pero también con grasa suficiente para equilibrar. En México, esto puede traducirse en unas carnitas o cochinita pibil, donde la efervescencia del vino limpia el paladar y su fruta roja aporta un contraste delicioso. También va de maravilla con ceviches frescos o tacos de pescado con salsas ligeramente picantes, donde el lambrusco juega con la frescura y el picante sin opacarlos. 

Si prefieres un lambrusco un poco más dulce y frutal, estilo grasparossa, su dulzor natural es perfecto para acompañar postres ligeros o quesos cremosos como un brie o un queso de cabra fresco. En un giro más internacional, funciona bien con platos thai o vietnamitas que combinan sabores agridulces, gracias a su equilibrio entre dulzura y acidez. 

El perfil del lambrusco invita a experimentar en la mesa

El perfil del lambrusco invita a experimentar en la mesa

Finalmente, para los amantes de la versatilidad, un lambrusco salamino, que suele ser un poco más robusto y con cuerpo, puede ser el aliado ideal para platillos de influencia española como tapas con jamón serrano, chorizo o incluso una paella ligera. Su carácter ligeramente tánico y su burbuja equilibrada sostienen bien la intensidad y complejidad de estos platillos. 

El lambrusco, en cualquiera de sus versiones, es una invitación a disfrutar con creatividad y a romper con la idea de que el vino debe ir siempre con comida “seria”. Prueba estas combinaciones y déjate sorprender por un clásico italiano que no para de reinventarse. 

Una invitación a la exploración 

El lambrusco no es, en esencia, un mal vino. Como ocurre con muchas cosas, su calidad depende de la elaboración y la intención detrás de cada botella. Te invitamos a redescubrir este vino italiano, explorando versiones que destacan por su autenticidad y calidad, y a experimentar con maridajes que resalten su versatilidad y carácter. 

Por Gonzalo G. Ehnis 

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