Alimentos funcionales, ¿realmente funcionan?

Sí. Los alimentos funcionales fueron categorizados para distinguirlos de los demás tipos de alimentos y para ayudar a mejorar la operación del organismo. Sin embargo, éstos no reemplazan una dieta adecuada.

Los alimentos funcionales nacieron para cubrir algunas necesidades que surgieron con la mala nutrición en los años 50. Japón fue el país que empezó a utilizar el término “alimento funcional” a finales de los 80. Con este término enmarcaron a todos los alimentos procesados con ingredientes que permiten optimizar las funciones biológicas del cuerpo. Para 1991, estos alimentos recibieron el acrónimo FOSHU (o Food for Specified Healt Use).

En esta nota hay algunos ejemplos de alimentos funcionales.

¿Qué es un alimento funcional?

Es una sustancia que produce uno o varios efectos benéficos en el organismo si es ingerido en cantidades razonables como parte de la alimentación cotidiana. Por esa razón, un alimento funcional puede ser natural o procesado, tal como sucede con el ajo japonés o los huevos con omega-3, respectivamente.

Sin embargo, el objetivo de nutricionistas y científicos se encuentra identificar nuevas funciones de estos alimentos en la dieta, así como detectar cómo interactúan en el organismo con ayuda de biomarcadores. También conocer su asimilación en la mayoría de los grupos poblacionales, así como las cantidades mínimas y máximas de consumo recomendado.

 

Tipos de compuestos en alimentos funcionales

Los alimentos funcionales son creados con biotecnología, ya sea para eliminar un compuesto que nos haga daño (como los ácidos grasos saturados), modificar alguno de los elementos para mejorar la salud (productos hidrolizados proteicos) o, adicionar o aumentar un compuesto que el organismo necesite para mejorar su funcionalidad (como los probióticos). A continuación, una lista de distintos tipos de nutrientes que pueden tener este tipo de alimentos:

 

Probióticos

Estos microorganismos mejoran la salud intestinal y pueden ser encontrados en lácteos y yogures.

 

Prebióticos

Este compuesto fomenta el crecimiento y reproducción de los probióticos. Principalmente se obtiene al aislar fructooligosacáridos como la inulina.

 

Fibra dietética

Ya sea soluble o insoluble, la fibra dietética en los alimentos funcionales reduce la glucosa, así como los riesgos de padecer cáncer de colon. La fibra dietética es añadida a cereales y bebidas.

 

Ácidos grasos

Estos compuestos encontrados en productos grasos ayudan a reducir la probabilidad de padecer alguna enfermedad cardiaca. El omega-3 es el ácido graso más conocido y que puede encontrarse tanto en lácteos como en huevos.

 

Vitaminas y minerales

Esta clásica combinación ayuda a fortalecer el sistema inmune, y puede evitar la osteoporosis. Diversas vitaminas y minerales se adicionan principalmente en productos de panadería, mantequillas y bebidas.

 

Fitonutrientes

También denominados antioxidantes, son compuestos que las plantas desarrollan. En el organismo tienen grandes beneficios, principalmente evitar el desarrollo de tumores. Los fitonutrientes ayudan a fortalecer el sistema inmune y evitan el desarrollo de tumores. Este compuesto se añade a los alimentos en forma de polvos o extractos principalmente en bebidas.

 

Sin duda, el alimento es el vehículo portador de nutrientes para que el organismo funcione de manera óptima. Los alimentos funcionales reducen el riesgo de enfermedades crónicas u otras patologías. Por esta razón, Japón fue uno de los países en fomentar el consumo de estos alimentos, pues de esta forma evitaban que las personas llegaran a la tercera edad con enfermedades crónicas y degenerativas. Cuéntanos, ¿conocías estos alimentos?

 

Por Miguel Guzmán

 

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