Precalienta el horno a 180 ºC. Espolvorea las berenjenas con sal de grano. Déjalas reposar 30 minutos para que suelten el amargor; enjuágalas y sécalas cuidadosamente con ayuda de papel absorbente.
Barniza ligeramente las berenjenas con un poco del aceite de oliva, colócalas en una charola para hornear y ásalas a 200 °C, hasta que estén suaves y ligeramente doradas. Reserva.
En un sartén amplio calienta a fuego medio el resto del aceite de oliva y acitrona la cebolla hasta que esté transparente. Incorpora el ajo y cocina unos segundos más, cuidando que no se queme.
Añade la carne molida y desmenúzala con una cuchara; cocina hasta que cambie de color. Agrega la canela, la nuez moscada y sal y pimienta al gusto.
Vierte el vino tinto y mantén en el fuego para que el alcohol se evapore.
Agrega los jitomates, el concentrado de tomate y la hoja de laurel. Cocina a fuego medio, hasta obtener una salsa espesa. Retira del fuego, desecha el laurel y reserva.
En una cacerola derrite la mantequilla, añade la harina y cocina sin dejar de mover hasta formar un rouxligeramente dorado. Incorpora la leche tibia poco a poco al tiempo que mezclas con un batidor de globo para evitar grumos. Cocina hasta que espese, luego añade sal y pimienta al gusto y una pizca de nuez moscada. Retira del fuego.
Agrega la mitad del queso rallado, incorpora y deja que la mezcla se entibie de 5 a 8 minutos y añade el huevo. Bate vigorosamente para que los ingredientes se integren y que el huevo no se coagule.
Coloca en un refractario para hornear una capa de berenjenas y cúbrela con una capa de carne. Repite este procedimiento las veces que sean necesarias, cuidando terminar con una capa de berenjenas. Vierte la bechamel por encima y espolvorea el resto del queso rallado.
Hornea a 180 °C de 35 a 40 minutos, o hasta que la superficie esté dorada y burbujeante. Reposa al menos 15 minutos antes de cortar.
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