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Un oficio de suertes: los merengueros


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¿Conoces los famosos volados de los merengueros? ¿Sabías que si ganas, el premio es doble? Entérate leyendo esta nota sobre un oficio gastronómico muy dulce y divertido.

Suerte es eso que tienen las personas que aún alcanzan a escuchar el casi canto, agudo y rechinante, de ¡merengues, hay merengues! en las calles de la Ciudad de México.

Pareciera que los merengues tienen personalidad propia pues los hay de muchas variedades: pueden ser de color rosado o blanco, venir en forma de rehilete aplastado con grajeas de colores encima, o bien, pueden encontrarse dentro de un gaznate o de un vasito. Aunque hay cada vez menos hombres y mujeres dedicados a la hechura de merengues típicos, existen quienes aún montan con destreza en sus cabezas, charolas surtidas de éstos y otras delicias.

Para encontrarles sólo hay que pasar una tarde en los parques, estar afuera de algunos restaurantes o recorrer las plazas públicas en un fin de semana.  Tal vez para los jóvenes sea poco atractiva la golosina, pero para los adultos, que los conocen de toda la vida, es un placer volver a la infancia con estos dulces. Además, seguramente más de uno aún juega a los famosos volados, una suerte típica de los merengueros donde, al momento de consumar la compra, apostaban con sus clientes dos merengues por el precio de uno o, en caso de ganar, pago doble y sólo darle uno al cliente.

Don Félix viaja diariamente desde Chalco a la Ciudad de México, para ofrecer sus productos desde hace más de 28 años. El oficio, herencia de su padre, también lo comparte junto con sus cinco hermanos.

“Ser merenguero me ha dado todo lo que tengo. Las ventas, como todo, a veces son buenas y a veces malas, pero me gusta hacer lo que hago (…) Lo hago por la familia y la necesidad, pero a las personas les sigue gustando este producto”.

Don Félix sigue utilizando la receta de gaznates tradicionales que le enseñó su papá, a ésta le agrega un poco de pulque para que sepan más ricos, ese es el toque que lo caracteriza. “Ni se dan cuenta, señorita, pocos encuentran el sabor del pulque en mis gaznates, pero le da más consistencia a la masa y mejora el sabor”, afirma.

Todos los días, se despierta a las 5 am para comenzar a preparar sus dulces. A veces le ayuda doña Mary, su esposa, y en ocasiones, algunos de sus hijos. Terminados los merengues, los lleva a la estación Los Reyes de la Línea A del metro. A las 11 de la mañana comienza la travesía y para la 1 de la tarde ya se encuentra caminando por Calzada Ignacio Zaragoza al oriente de la Ciudad, antojando sus productos al acalorado peatón que busca un poco de energía para continuar con su día.

“Si bien me va, me regreso a las 5 o 6 pa’ mi casa, pero si la venta anda floja, hasta las 9 o 10 me regreso”, platica.

Don Félix trabaja todo el día para seguir complaciendo los paladares más exigentes con el oficio que aprendió hace más de 28 años.

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