Diez variedades de uvas que se volvieron mexicanas

La vid no es nativa de México, ese no es ningún secreto; pero a lo largo de la historia, estas uvas han encontrado en el terruño mexicano su segundo hogar, produciendo vinos excepcionales que merecen ser explorados.

Cultura culinaria

La llegada de los españoles a América fue la chispa que encendió un intercambio no solo económico, sino también de especies animales y vegetales. Los conquistadores se percataron de que, en prácticamente todo el continente se daba la vid, pero que ésta no producía frutos y su follaje crecía rápidamente; esto se debía a que se trataba de vides silvestres de las variedades Vitis aestivalis y Vitis rotundifolia, no de la europea Vitis vinífera. 

Los conquistadores trataron de adaptar sus vides al terreno americano por décadas; intentos que, desde España, se veían como una falta de destreza o pereza de los agricultores. Pero a medida que la población crecía, la demanda de vino incrementaba y los españoles que se habían mudado a las nuevas colonias veían que los precios del vino disponible, traído desde España, aumentaban año con año. 

Fue hasta que, bien entrado el siglo XVI, los conquistadores se adentraron en el norte de México, específicamente el actual Aguascalientes, que encontraron terrenos aptos para la vid europea y pudieron, por fin, empezar a producir una buena cantidad de vinos de buena calidad. Las variedades Criolla y Mission fueron las principales protagonistas de esta expansión por su adaptabilidad y alta resistencia al clima.  

Uvas con doble nacionalidad 

Durante los siglos XIX y XX, la producción de vino en México fluctuó mucho debido al descuido de los viñedos y la baja demanda de los consumidores, pero esto no detuvo a entusiastas nacionales y extranjeros de aprovechar el terruño del norte del país para producir excelentes vinos a partir de plantas traídas de España, Francia e Italia. 

En Baja California, la variedad Nebbiolo, proveniente del norte de Italia, se adaptó de maravilla y, hasta el día de hoy se cultiva con éxito y se utiliza en la producción de vinos monovarietales y ensambles de alta calidad. En el mismo estado, y más específicamente en el Valle de Guadalupe, la emblemática uva española Tempranillo se popularizó para la elaboración de vinos tintos. 

Uva tempranillo  

La variedad Malbec no sólo se adaptó bien en Chile y Argentina; Querétaro y Baja California ofrecieron el terreno ideal para que esta uva originaria de Francia, de una calidad considerable, que hace que hoy se utilice en vinos tintos elegantes y robustos, ideales para acompañar cortes de carne. Del otro lado del espectro de intensidad tenemos al Grenache (Garnacha), que se utiliza para hacer vinos rosados en prácticamente todas las regiones productoras del país. 

No podemos dejar de mencionar a las uvas blancas como Chardonnay, Viognier, Chenin Blanc y Sauvignon Blanc, utilizadas para elaborar vinos blancos, desde frescos y afrutados hasta intensos y con mucho cuerpo, en Coahuila y Baja California; y espumosos fieles a las técnicas francesas e italianas en Querétaro y Guanajuato. 

Uva Cabernet Sauvignon 

Pero quizás las estrellas del vino mexicano son Syrah (Shiraz) y Cabernet Sauvignon, dos uvas originalmente francesas que se adaptaron a la perfección al clima del norte del país y que se usan para elaborar vinos insignia dentro del catálogo de vinos mexicanos, pues han sido reconocidos en concursos y premios internacionales con las más altas distinciones. 

El vino mexicano es un universo que vale la pena recorrer sorbo a sorbo y, entender el origen de cada variedad, así como las condiciones del clima y terreno en los que se elabora cada estilo de vino, son parte fundamental del camino; descorcha una botella y disfrútalo con nosotros. 

Por Gonzalo G. Ehnis 

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