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Guía para comenzar un huerto urbano


Fecha:6 de julio de 2019

Autor: Larousse Cocina

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La tendencia de los alimentos orgánicos es cada vez más importante para contener la crisis climática. Añadido a esto, en las ciudades, es difícil encontrar alimentos 100% naturales y libres de pesticidas o semillas genéticamente modificadas porque las escasas áreas verdes, por lo general, se usan de manera recreativa. ¿Pero has pensado en proponerle a tu comunidad vecinal construir un huerto urbano?

Los huertos son importantes pues remiten a las comunidades al inicio del sedentarismo, recordemos que la domesticación de ciertas especies vegetales fue la razón por la que se asentaron nuestros antepasados en sus respectivas regiones y que a través de esto pudieron superar de todo tipo de adversidades: climáticas, de autosuficiencia y de alimentación.

¡Qué mejor que crear un espacio que incentive el autoconsumo, reduzca costos de producción y sobre todo, que alimente y beneficie a los propietarios y colaboradores interesados!

Hicimos esta guía para que comiences de manera colectiva o individual, ¡a ensuciarse las manos!

Necesitarás:

  • Un espacio con luz de sol directa
  • Un espacio con sombra y ventilación
  • Semillas, pueden ser de frutas o verduras o los tallos que crecen raíz
  • Tierra o sustrato
  • Semilleros
  • Macetas
  • Una regadera para plantas, atomizador, o bien, mangueras de sistema de riego
  • Agua
  • Una pala pequeña
  • Tijeras
  • Palillos

Espacios

Es muy importante tomar en cuenta que no todas las frutas y verduras crecen en la misma temporada o con la misma exposición al sol, así que deberás buscar cultivos similares y que puedas rotar. Además, los semilleros o almácigos, que son contenedores pequeños donde la semilla brota sus primeros tallos tiernos, necesitan un equilibrio entre la humedad y el calor.

Busca una bodega ventilada donde puedas guardar tus semilleros y busca un espacio amplio con sol y sombra para organizar tus macetas, jardineras o cajas de cultivo.

Semillas

En los supermercados es fácil encontrar semillas varias, pero si no tienes tiempo de ir, puedes utilizar los restos de verduras o las semillas de frutas que ya consumes, por ejemplo, de limones, fresas, jitomates, entre otros.

Si quieres plantar una lechuga o un apio a partir del tallo, reserva la raíz íntegra más 5 cm del tallo sin hojas, después, 3 cm arriba de la raíz clava 2 palillos en forma de cruz sin perforar. Por último, coloca tu apio o lechuga en un recipiente con agua, los palillos impedirán que estos se hundan y permitirán que sólo las raíces estén sumergidas. Al término de una semana verás cómo éstas se desarrollan fuertes y largas, entonces será momento de trasplantar a una maceta.

En cuanto a los limones, fresas y jitomates, toma las semillas, déjalas secar un par de días y después comienza el proceso dentro de los semilleros.

Tierra o sustrato

Para comenzar el huerto es necesario identificar qué características y beneficios tienen la tierra y los sustratos, por ejemplo: entre los sustratos más comunes para los semilleros se encuentran la turba y la fibra de coco. Ambos son muy recomendables pues almacenan una buena cantidad de humedad, son porosos y ligeros. Por otro lado, para la tierra de tu cajón de cultivo o macetohuerto (un huerto conformado por macetas y jardineras), revisa que no venga apelmazada y que no tenga insectos o ramas muy grandes.

Semilleros

Éstos se utilizan para que sea sencillo crecer tallos de las semillas. Son contenedores (orgánicos o inorgánicos), con espacios de 7 cm de profundidad y muy poca extensión para que plantes las semillas y puedan desarrollarse casi en la superficie del sustrato que uses para cubrirlas. Llena ¾ del espacio con sustrato húmedo y cuida que no haya aire, después coloca en cada espacio una semilla sin enterrarla y finalmente, cubre con sustrato seco y riega levemente con un atomizador.

Macetas y trasplante de plántulas

La elección de macetas va de acuerdo con lo que quieras trasplantar en ellas. Lo primero que debes hacer para saber qué extensión tendrán las raíces que le crecerán a tu planta, es consultar una tabla de distancias entre cultivos.

Usa jardineras o cajas de cultivo si tus frutas y verduras requieren mucha distancia y profundidad como los jitomates, pepinos y berenjenas. Sin importar en qué recipiente trasplantes, revisa que tengan drenaje para expulsar el exceso de agua.

Las lechugas, espinacas, rúcula y apios, por ejemplo, ocupan menos espacio, al menos dos litros de capacidad. Hay especies que requieren menos espacio, tal es el caso de las zanahorias, ajo, cebollas o rábanos que sólo necesitan medio litro de capacidad. Además, se recomienda que se planten flores cerca del huerto para que las abejas polinicen y asistan en las tareas de reproducción de algunas frutas y vegetales.

Al momento de trasplantar las plántulas recuerda que el suelo a donde se va a mover esté húmedo, nunca trasplantes en seco. También vigila que la raíz esté cubierta, para esto saca las plántulas del semillero con ayuda de una pala pequeña y después de ponerla en su lugar no aprietes la tierra con la que la cubres. La tierra para cubrir deberá llegar a la altura del primer par de hojas.

Sistema de riego

Ya que tienes todo planeado y sabes cómo comenzar tu huerto, decide qué tipo de sistema le conviene a lo que vas a plantar en él. El sistema depende de muchas variantes, pero dos que no debes olvidar son: el tipo de cultivo y cuánta agua almacena el lugar donde plantarás tus frutas y verduras.

De estos dos factores depende si necesitas un sistema por goteo, por exudación, por surcos o por aspersión. Si tienes un macetohuerto sólo podrá ser por aspersión, que consiste en un riego normal con manguera o regadera.

Para las cajas de cultivo hay más opciones, como por goteo, que es de los más usados por ser eficaz y programable, ya que consiste en mangueras especiales que dosifican la cantidad de agua que se suministra. La exudación, también dosifica el agua en gotas, pero consiste en una manguera larga y agujerada que hace la dispersión más uniforme y se puede poner bajo tierra. O por surcos, que consiste en hacer hoyos en la tierra para que el agua llegue a las raíces.

Toma en cuenta la frecuencia de riego que se explique en el empaque de las semillas que estés usando y anota en tu bitácora cómo van creciendo. No riegues tu huerto durante las horas de sol en las temporadas secas y baja la frecuencia de riego al momento que lleguen las lluvias.

Después de muchos meses de trabajo y división de labores entre quienes colaboren verás los primeros frutos y cosecharás tus esfuerzos para poder consumirlos y hacer crecer aún más tu huerto.

Fuentes:

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