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¿Cómo ayudar a contener la crisis ambiental desde mi cocina?


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Como sabemos, algunos productos que encontramos en el supermercado son contaminantes por sí mismos y por las acciones y recursos que se usan para procesarlos y distribuirlos. Desde las frutas de importación que traen una capa de cera para que se vean relucientes y una estampa, que en una pieza se ve inocente, pero no en una tonelada; hasta los envases de plástico y cartón que “protegen” todos los alimentos durante los traslados de repartición.

Aunque pareciera que las acciones personales no contribuyen a la contención de la crisis ambiental, sí estimulan una forma de pensar mucho más consciente de la misma en nuestro día a día; te compartimos pequeñas estrategias para que aproveches al máximo lo que tienes y lo que estás por comprar.

Compra tus frutas y verduras en comercios locales. La huella de carbono es la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) que se generan de manera directa o indirecta como individuos, empresas y/o países. Al consumir productos importados tomamos un lugar en la cadena de producción de GEIs, pues los alimentos se transportan de su origen a tu localidad en barco, trenes o avión. Tal vez no todos puedan desaparecer de tu dieta, pero sí aquellos que se produzcan y vendan en mercados, tianguis, recauderías, abarroterías y empresas de tu localidad. Recuerda que la fruta mexicana no tiene cera, que al ir directo a estos establecimientos tienes una mayor conexión con el productor y cuidas que tus alimentos sean de temporada.

Esta temporada del final de la primavera puedes conseguir: acelga, brócoli, calabaza, chayote. chícharo, ejote, elote, espinaca, jitomate, lechuga, nopal, pepino, ciruela, chabacano, durazno, higolimón, manzana, melón, naranja, papaya, piña, mango, pitahaya, plátanosandía y uvas.

Recicla verduras. Muchas pueden volver a crecer para reutilizarlas: los apios, zanahorias, cebollas y papas, pueden volver a echar raíz si se les pone en agua y después en tierra. Recuerda que puedes empezar un huerto de hierbas para cocinar con ellas o para comer como brotes, usa semillas de cilantro, brócoli, alfalfa, perejil y romero.

Aprende a preparar esta Agua de limón con alfalfa.

Evita pedir servicios de delivery y lleva tuppers a todos lados. Es normal que no tengamos ganas de cocinar o que a veces pidamos nos traigan productos o comida a la puerta de nuestra casa, pero hay que ser responsables con las consecuencias que esto puede provocar; lleva recipientes donde puedas almacenar en refrigeración o congelación, aquello que no te comiste. Recuerda, en caso de que el delivery sea inevitable, evitar pedir cubiertos desechables, servilletas y sobres de condimentos que no necesites.

Al hornear también puedes ahorrar. Hay alimentos como pollo y cortes de res que son muy fáciles de preparar al horno con algunas verduras y que se pueden aprovechar durante varios días. Compra un tapete de silicón en lugar de usar papeles encerados para hornear y grasas vegetales que puedas almacenar por mucho tiempo en sólido o líquido.

Intenta preparar este Solomillo de cerdo con limón confitado y cuéntanos qué te pareció en los comentarios.

Busca materiales 100% biodegradables. Si en reuniones familiares, fiestas y encuentros, se debe utilizar algún tipo de desechables, elige una de las tantas opciones 100% biodegradables que existen en el mercado. Las hay de fécula de maíz, de plantas, de carrizo, de agave y hasta de hueso de aguacate.

Congela lo que no vayas a comer. Puede ser una buena estrategia tanto de ahorro como para evitar que tires a la basura comida en perfecto estado. Las preparaciones congeladas, además de venir en envasadas en plástico y embaladas en cajas que seguramente no son biodegradables, pueden ser muy artificiales o contener aditivos y conservadores que nunca van a reemplazar a los alimentos preparados en casa. Puedes almacenarlos cocidos o crudos, sólo recuerda mantener una bitácora de entradas y salidas o un buen sistema de etiquetado.

Toma en cuenta que todos los consumos que hagamos conllevan una responsabilidad de uso y reutilización. Así es más sencillo deshacernos del hábito del desperdicio.

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